
EL DÍA QUE ENTENDAMOS que el verdadero cambio de nuestro país depende enteramente de nosotros como sociedad, seremos capaces de tener un país que depura el egoísmo y se une en aras del desarrollo y bienestar social. Se puede cambiar y abolir la clase política actual y si no nos transformamos como sociedad estaremos estancados en la pobreza como nación.
Vivimos inmersos en un país de doble moral, en donde se entregan avales a personajes de dudosa carrera y credibilidad política, al tiempo que esos mismos hablan de estar trabajando por la paz y el desarrollo. Un país en donde todo servidor público es erudito en la expresión, pero poco capaz en la ejecución, y en donde la naturalización de la violencia se ha tornado en una constante.
Un país en donde pensamos en lo público como lo que “no es mío” y no como “lo que es de todos”, y en donde insultar a quien piensa distinto parece haberse convertido en deporte nacional. Creo que con lo previamente enumerado queda claro que no estamos ni cerca de un país pujante o que muestre señales de desarrollo, más allá de unas cuantas escuelas inauguradas. Sin embargo, República Dominicana tiene un gran problema que, de llegar a encontrar su rumbo para la solución, estará en la dirección correcta del país.
El mayor problema de nuestro país no es ni los políticos, ni la falta de oportunidades. Incluso, me atrevo a decir que no es ni la corrupción, ni la desigualdad, aunque son cuatro grandes problemáticas. El mayor problema proviene de nosotros mismos como una sociedad en donde cada quien apunta al lado que más le conviene y que es incapaz de unirse para exigir y denunciar, para intentar cambiar el sesgo en el que nos encontramos. Estamos inmersos en un sistema en donde roban en plena vía pública ante la atenta mirada de compatriotas que no son capaces siquiera de reaccionar, en donde desfalcan nuestra ciudad sin pudor alguno y los delincuentes siguen libres sin que hagamos algo, o en donde debemos pagar sumas exorbitantes de dinero en impuestos y no vislumbramos un progreso sostenido. Estas son claras muestras de cómo aquellos que detestarían la unión generalizada porque verían caer su imperio de poder ante la exigencia ciudadana, pueden dormir plenamente tranquilos ante nuestro egoísmo.
Cuando el dominicano del común, como usted y yo, se une en busca de una mejor sociedad, habrá vencido el egoísmo y la dejadez. Así suene utópico, soy un fiel convencido de que, el día en que despertemos de vivir de la rutina individualista del “yo” y empecemos a trabajar unidos por el bien de nuestro país en todos sus frentes, denunciando públicamente a quien no actúa honestamente, exigiendo el cumplimiento de nuestros derechos y actuando conforme a nuestros deberes, el país estará listo para dar el paso a ser un país desarrollado, pero, ante todo, usted y yo estaremos listos para decir que vivimos plenamente felices. Yo, en este medio, ya lo puse en marcha. Ahora, si usted cree como yo, es su turno. ¡Es ahora o nunca!
#Apúntate #Escríbenos #Cambias
vozdelsurrd@gmail.com
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