Londres, Reino Unido, 27 de noviembre de 2025.
Por Edwin Pineda Carrasco.
La nación dominicana enfrenta un momento decisivo.
Mientras algunos sectores hablan de “cooperación” y “alianzas estratégicas”, lo que realmente está sobre la mesa es algo mucho más delicado: la posibilidad de permitir operaciones extranjeras en suelo dominicano con pretextos que no convencen a nadie.
Un hecho reciente que reafirma la urgencia del debate
Ayer, 26 de noviembre de 2025, el Secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, llegó oficialmente a República Dominicana. Su visita, la primera de un jefe del Pentágono en funciones al país, fue acompañada de un anuncio clave: el gobierno dominicano autorizó temporalmente que EE. UU. utilice espacios restringidos en la base aérea de San Isidro y en el Aeropuerto Internacional de las Américas como parte de su operación antinarcóticos.
El argumento oficial: reforzar la vigilancia aérea y marítima contra el narcotráfico. Pero ese argumento convive con un trasfondo inquietante: un despliegue militar potenciado en el Caribe, en un contexto donde la presión de Washington hacia ciertos países de la región entre ellos nuestro hermano Venezuela se intensifica.
Y eso, sencillamente, es inaceptable.
Un gobierno con grietas internas no puede hipotecar a la Patria
No es posible ignorar lo que ocurre en lo interno del gobierno y del partido gobernante. La sociedad dominicana es testigo de cuestionamientos públicos hacia figuras vinculadas al poder, acusaciones sobre financiamientos opacos, señalamientos de nexos con narcotráfico, algunos casos incluso relacionados con extradiciones.
Si el partido gobernante necesita “paz interna”, que la construya con transparencia, no con concesiones geopolíticas. Que lo resuelva en sus propios espacios, no a costa del territorio nacional.
1965: la lección que algunos parecen haber olvidado
Qué brutal contraste. En 1965, este país pequeño, humilde, orgulloso se enfrentó a la intervención militar de Estados Unidos. Defendió su derecho a decidir su propio destino. Nos costó sangre, vidas, dolor… pero no cedimos.
Hoy, en cambio, disfrazado el acercamiento como “cooperación antinarcóticos”, vuelve a insinuarse la idea de permitir presencia militar extranjera en territorio dominicano.
Venezuela: memoria, solidaridad y gratitud
Y frente a quienes pretenden usar suelo dominicano como plataforma contra Venezuela, no podemos permanecer callados.
Venezuela, durante décadas, no ha sido enemiga sino aliado solidario con nuestro pueblo. Nos brindó apoyo en momentos críticos, ofreció oportunidades, abrió puertas a cientos de dominicanos que encontraron en su suelo trabajo, estudio, dignidad. Nos trató como hermanos latinoamericanos.
Cooperación internacional sí; entrega de soberanía jamás
Luchar contra el narcotráfico es una causa legítima. Pero la cooperación internacional tiene límites:
- No implica ceder territorio.
- No implica aceptar operaciones que respondan a agendas ajenas.
- No implica permitir que nuestra política exterior se subordine a intereses externos.
La República Dominicana puede cooperar. Pero dentro de los márgenes de la dignidad, la independencia, y la defensa irrestricta de su soberanía.
La Patria no se doblega
Este país no es un país sin memoria. No es un país sin orgullo. No es un país que esté dispuesto a servir como plataforma para conflictos que no le pertenecen.
Lo que algunos actores políticos no pueden resolver en su interior, lo que no pueden explicar, no puede ser pagado con pedazos de soberanía dominicana.
Este pueblo luchó, sangró y murió por su libertad. Y no permitiremos que se entregue, siquiera con discursos diplomáticos, favores geopolíticos o conveniencias partidarias.
La República Dominicana es libre porque su pueblo se ha negado, una y otra vez, a ser otra cosa.
Hoy, como siempre, la Patria exige firmeza. La historia exige memoria. El presente exige coraje.
Mientras exista un dominicano que recuerde 1844, mientras exista uno que recuerde 1965, la soberanía nacional no será negociada.


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